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¿Redes sociales o representaciones culturales?

Subido por AdmintelArtes el Lun, 03/07/2016 - 11:44
Nombre del autor: 
Javier Reynaldo Romero

El comportamiento de los grupos humanos, su constitución como colectividades, sus formas de comunicación, sus conflictos y todo lo que hace a su dinámica, ha sido una preocupación siempre presente. Hace algunos siglos, como consecuencia del proceso colonial y la invención del “salvaje”, se fue imponiendo como referencia otra invención de lo “civilizado”, que servía para posicionar a una minoría de humanos y a sus logros, como modelo de vida; a partir de estas invenciones surgieron otras, desarrollo, progreso etc. Pero, para que esto suceda tuvieron que recurrir a la fuerza y a la violencia colonial y así se consolidó un patrón global de poder, vigente hasta nuestros días.

En el siglo XIX, el darwinismo social se convirtió en el argumento válido para explicar las diferencias humanas y así se fueron consolidando los estudios antropológicos que intentan todavía comprender el comportamiento humano. Sus fundadores tampoco pudieron desligarse de la dicotomía civilizado–salvaje (léase: europeos–resto del mundo); así surgieron construcciones sobre la “evolución” de la cultura desde lo “salvaje” hacia lo “civilizado”, de la que el máximo representante es Lewis Henry Morgan (1818-1981). Este fue el tiempo de la fundación de las repúblicas en América del sur y de Bolivia también, y fue este espíritu el que sirvió para fundar las Repúblicas Neocoloniales. Por esta razón y de manera naturalizada, aquellas Repúblicas reprodujeron la división establecida durante el proceso colonial entre indios y españoles, sutilmente diferenciada entre mestizos y pongos o colonos, es decir, “indios”.

Así se constituyeron estructuras de pensamiento que dividían a las sociedades republicanas entre mestizos e indios, entendiendo a los primeros superiores y a los segundos inferiores. De este modo se impuso la dominación colonial que al mismo tiempo fue consolidando una idea de verdad que situaba en el nivel superior al hombre blanco europeo y, a partir de ese nivel, se fueron construyendo los niveles inferiores en los cuales se fueron situando a mujeres blancas, negros, indios, etc. Por eso se dice que el proyecto colonial vigente atraviesa dimensiones de sexo, de género, de generación, de raza, de clase y de culturas.

Fue desde esta pretensión de verdad, “civilizada”, que se instituyeron valores y con estos se fueron estructurando contenidos de educación para las escuelas, colegios y universidades en todos nuestros países y en Bolivia también, y es desde esta estructura educativa que hemos salido formados profesionales, técnicos o bachilleres en humanidades. Entonces son estos valores los que reproducimos al comunicarnos con nuestros semejantes. Por eso, y a pesar de las nuevas leyes contra el racismo y la discriminación, todavía es habitual escuchar en la calle: “indio de m…”; o ver pintadas las paredes con frases: “no más indios”, “fuera indios”, etc. Solo que ahora las “calles” virtuales, es decir las “redes sociales”, se han visto inundadas de nuestra manera de reproducir los valores aprehendidos a lo largo de nuestra historia colonial, todavía vigente.

Ahora el racismo cotidiano desplegado en las calles, junto con otras taras, se ha trasladado a las redes sociales y esto ha producido un debate sobre si se regula, norma, limita, etc. el uso y la participación en estos espacios virtuales. Esto puede llevar a pensar que el problema son las redes sociales, lo mismo que sucede cuando “el cojo le echa la culpa al empedrado”.

Sin embargo, fue durante la primera mitad del siglo XX que el antropólogo francés Claude Leví-Strauss (1908–2009), a diferencia de los ingleses que se ocupaban de las estructuras y redes sociales de las culturas africanas de principios del siglo XX, empezó a utilizar la noción de estructura para referirse al pensamiento, en el que el lenguaje estructura el modo en el que pensamos y es a partir de este modo de pensar que somos lo que somos como colectivo cultural. Así, las relaciones sociales dejaron de tener tanta importancia y las investigaciones no solo priorizaron lo mental y los procesos mentales, sino que en la actualidad la neurociencia es la ciencia de punta de la cual ninguna de las disciplinas puede estar desligada.

Esto quiere decir, volviendo a la metáfora anterior, que “la culpa no la tiene el empedrado”. Nuestras prácticas, sean machistas, racistas, homofóbicas, etc., son el reflejo de nuestras representaciones culturales construidas a lo largo de nuestra historia. Si por las circunstancias que nos ha tocado vivir hemos construido representaciones racistas en nuestra mente, en la vida cotidiana seremos racistas y por supuesto que en las redes sociales seremos racistas. Si hemos construido una idea de verdad tremendamente debilitada en nuestra mente, es decir si la verdad no tiene ningún valor en nuestras representaciones mentales, en nuestra vida cotidiana tampoco las tendrá y, seguramente, en las redes sociales podremos inventar con facilidad historias falsas, es decir, será fácil mentir. Entonces, el problema no son las redes sociales, el problema son los circuitos neuronales y las representaciones culturales que contienen. Por eso, desde nuestra perspectiva, pensamos que el problema no es ni legal ni tecnológico; el problema es, sobre todo, educativo e histórico.

El autor es investigador en temas culturales.

warikato61@yahoo.com

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