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Abrecultura, un mapeo sobre incidencia desde la cultura y las artes

Subido por AdmintelArtes el Mié, 08/26/2015 - 19:36
Autor: 
René Antezana

Presentamos las conclusiones a las que arribaron los editores, luego de la reciente elaboración del “MAPEO DE EXPERIENCIAS CÍVICAS PARA LA INCIDENCIA EN POLÍTICAS PÚBLICAS PARA LAS ARTES Y LA CULTURA EN AMÉRICA LATINA” [1].

Este trabajo se realizó en el programa/plataforma ABRECULTURA en el marco de la Alianza JUNTXS que aglutina a importantes redes y colectivos culturales de toda América Latina, y donde participa desde sus inicios, TELARTES. Este trabajo contó con el apoyo de la Fundación HIVOS. Para acceder al documento inextenso y poder descargarlo libremente puede ingresar a abercultura.org.

¿Qué es ABRECULTURA?

Desde inicios del 2013 y en el marco de la Alianza Juntxs [2], culturales y redes de América Latina decidieron dar forma a un eje de incidencia política que abordara temas de transparencia, participación y rendición de cuentas en las políticas públicas relacionadas a los sectores de las artes y la cultura. Este eje de incidencia se planteó como parte del eje general de incidencia de la Alianza Juntxs, el mismo que incluye el trabajo de los grupos que promueven la Cultura Viva Comunitaria (CVC) en la región. La especificidad de este nuevo eje de incidencia fue sustentada por la necesidad “abrir” el gobierno de la cultura a la participación de los ciudadanos y las organizaciones culturales, no sólo en temáticas específicas, sino de forma general: considerando a la participación ciudadana como un factor clave en la democratización de la cultura en nuestra región.

Se identificó la necesidad de promover diálogos y acciones relacionados a los datos abiertos, la idea de “gobierno abierto”, asuntos de transparencia y rendición de cuentas, y la movilización ciudadana hacia la incidencia en políticas públicas vinculada al sector de las artes y la cultura. Este nuevo eje fue construido a partir de la experiencia directa de algunas organizaciones en la región que ya contaban con acciones realizadas y procesos de incidencia afines y en curso en la región.

Con el objetivo de darle mayor coherencia a este eje de trabajo desde una perspectiva crítica y pertinente al contexto Latinoamericano, el grupo de trabajo, formado en un primer momento por representantes de Telartes (Bolivia), Culturaperu (Perú), Fora do Eixo (Brasil) y la Red Sudamericana de Danza (RSD), impulsaron una serie de acciones y procesos durante 2013 y 2014 hacia la consolidación de lo que hoy denominamos AbreCultura: un eje de incidencia en políticas públicas enfocado en temas de transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas en y desde los sectores de las artes y la cultura. AbreCultura busca convertirse en un programa y una plataforma regional para la transparencia y participación ciudadana en políticas públicas para la cultura.

Conclusiones del primer mapeo

Las reflexiones que incluimos a continuación deberán considerarse como insumos para el debate y el trabajo a futuro. No se trata de brindar una “última palabra” sobre el tema en cuestión, sino más bien, dar algunas primeras reflexiones para sostener un diálogo en torno a lo que aquí vamos descubriendo.

En realidad la primera reflexión luego de este mapeo preliminar es que estamos ante la evidencia de un importante campos para la investigación; un horizonte clave para realizar estudios comparativos, a profundidad y expandiendo el alcance de esfuerzos de sistematización como este.

Más allá de la relación entre Estado y la sociedad civil

Las experiencias identificadas en esta fase preliminar de mapeo revelan un contexto caracterizado por un gran repertorio de formas de incidencias ciudadana en políticas culturales, las mismas que se manifiestan en territorios muy diferentes y que abordan temáticas diversas. Sin embargo, podríamos decir que en casi todos los casos la incidencia en políticas culturales se plantea como un proceso tanto hacia adentro como hacia fuera. Hacia adentro para impactar e influir en la opinión y sentir tanto de los ciudadanos como de los propios miembros de los sectores de la cultura y las artes, (sean estas organizaciones o trabajadores de la cultura en general) y hacia fuera, para incidir en el Estado, ya sea este un Ministerio de Cultura, el Congreso de la República, un municipio o gobierno local, o todos los anteriores al mismo tiempo.

Esta atención hacia dimensiones internas y externas sugiere que el trabajo para cambiar una ley (como en el caso del Movimiento por una Ley de Danza, o el Movimiento por la Autonomía de la Danza, por ejemplo) o para lograr visibilizar y movilizar a un sector cultural a nivel local hacia la creación de políticas culturales (como en el caso de Mapéate o de la red Más Cultura), depende en primera instancia de lograr que los propios agentes culturales se reconozcan a ellos mismos y entre sí como actores políticos, comprometidos con un particular devenir colectivo. Sin este ingrediente, la incidencia en instituciones públicas es básicamente insostenible. Podríamos decir entonces que en casi todos los casos se está buscando incidir no sólo en políticas culturales, sino en culturas políticas.

Ya no se trataría tan sólo de lograr “una relación distinta entre Estado y Sociedad Civil” — entendiendo a estos como dos fuerzas coherentes y unificadas (está claro que esta dicotomía es una falacia). Sino más bien de fortalecer un tramado de relaciones entre actores civiles para organizar un proceso de incidencia, muchas veces siendo el obstáculo principal el lograr avanzar hacia un horizonte compartido desde la sociedad civil. Para esto las diferentes experiencias despliegan estrategias diversas como el desarrollo de mapeos (Mapéate), la creación de instancias de reunión y articulación (Encuentro Nacional de Cultura), el aprovechamiento lenguajes artísticos Película), o el trabajo a nivel de la persona y con las generaciones más jóvenes para lograr formar personas capaces de ejercer una ciudadanía cultural activa y crítica (Liceos en Pinta).

Las experiencias identificadas indican que no conviene reducir nuestro análisis a una realidad aparentemente ordenada, donde prima una concepción del poder político desde la dualidad Estado vs. Sociedad Civil. Pensamos más bien que los sectores de las artes y la cultura están enfrascados en procesos más amplios de ejercicio y organización de poder político. En otras palabras, el trabajo de incidencia desde la cultura impacta no sólo a nivel de un trabajo de democracia representativa, participativa y directa, sino que su impacto puede ser identificado en procesos subyacentes y corrientes profundas de transformación de sentidos y formas de vida.

Lo que está en juego en cultura no es el poder institucional, sino el poder para darle sentido a las cosas, ya sean estas económicas, políticas o sociales. Ahí radica el gran poder de este sector respecto a otros: Su preocupación es antropológica y si bien puede plantearse desde las prácticas expresivas, no se limita a la intervención en el campo artístico, sino más bien el sociopolítico; aquel que entiende la creatividad y la creación como un derecho más allá del acceso, y más cercano al protagonismo político.

El reto de sostener una interacción con el Estado exige organización y estrategia de parte de la sociedad civil organizada

Algunas de las iniciativas identificadas buscan sostener procesos complejos de diálogo y relación directa con las autoridades. En estos casos (TelArtes, Más Cultura, Cultura Viva Comunitaria, por ejemplo), notamos que su éxito y continuidad depende de la capacidad que estas demuestran para mantener un proceso formal de diálogo con una institución, así como de negociación y colaboración entre diferentes actores. En muchos casos estos esfuerzos se valen de herramientas digitales para compartir información sobre el proceso de articulación e incidencia (TelArtes), para transparentar el proceso de intercambio entre Estado y Sociedad Civil y para movilizar a un grupo de interés, cuando esto sea necesario. En casi todos los casos identificados las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) cumplen un rol fundamental para la organización y apertura de procesos de incidencia.

De la misma forma, una factor clave para lograr sostener un proceso de incidencia es el trabajo en red. En muchos de los casos, ya sea de forma explícita o implícita, el trabajo se realiza desde una lógica de red, a partir de un trabajo interconectado hacia la construcción colectiva. Este tipo de procesos, también beneficiados por el uso de TICs implica un cambio fundamental en la forma de hacer política, pues se daría pie a procesos translocales que permiten darle a las políticas públicas una verdadera relevancia local, descentralizando, siquiera, en principio las aspiraciones que van dando forma a una demanda política.

La “sociedad civil organizada” ya no es solamente aquella que está unida, sino es por sobre todo aquella que al ser red descentraliza el poder y distribuye las posibilidades de transformación, volviendo a cada nodo una instancia de transformación con importantes implicancias a nivel local.

Hacer políticas desde la cultura : Los obstáculos

Es un hecho que si no existe una voluntad política de parte de las instituciones públicas por asumir la participación de los sectores cívicos, los procesos de participación ciudadana se ven limitados sustancialmente. No debemos perder de vista que la naturaleza de las instituciones públicas —opaca, centralizada y hermética— termina de ser la norma y no la excepción en toda la región. Muchas de estas experiencias han aprovechado ventanas de oportunidad específicas y será importante en una siguiente etapa de investigación, desarrollar análisis a profundidad que permita identificar qué mecanismos, momentos, instrumentos o escenarios dieron pie a cambios importantes en los procesos de participación ciudadana. Queda como interrogante si debemos asumir que sólo se puede avanzar cuando se da una “tormenta perfecta” —de alineación de diversos factores claves— o si uno puede tomar ciertos pasos para lograr generar escenarios más favorables a los efectos de la participación ciudadana en la definición de políticas culturales.

De la misma forma conviene tener en cuenta que un elemento que une a las experiencias latinoamericanas que hemos identificado, es la urgente necesidad de visibilizar mejor y obtener un mayor reconocimiento al rol vital que la cultura y las artes cumplen para una determinada sociedad, superando el concepto de que hablar de cultura es hablar de las bellas artes. Esta propuesta conceptual, filosófica y antropológica no está aún encarnada en la población y menos en el Estado, salvo excepciones. De ahí que muchas experiencias locales amplían su acción a temas como ciudadanía, derechos, medioambiente, seguridad ciudadana, participación ciudadana, género y otros. Esta postura se generaliza cada vez más en los actores culturales del continente y viene a consolidarse como una bandera importante para encarar procesos de diálogo y trabajo entre sociedad civil organizada y los diferentes niveles de un Estado. Incluso dentro de las políticas culturales establecidas algunas experiencias revelan que los propios sectores culturales deben abrirse a nuevos protagonismos y procesos que provienen de la especialización de ciertos subsectores, y la madurez política de ciertos gremios que quieren llevar a acabo procesos de fortalecimiento sub-sectorial, tradicionalmente postergados (Ver Movimiento por la Autonomía de la Danza ó Sawuri Lab, por ejemplo).

La oportunidad de las TICs y la Comunicación Digital

Si bien en el proceso de construcción de capacidades para participar desde una sociedad civil organizada es complejo e intervienen varios factores, uno de los más importantes es el de la comunicación, no sólo como una herramienta, sino como un proceso de construcción educativa colectiva. Las redes sociales y el internet están contribuyendo en gran medida a que las formas de comunicación tradicionales conviven de mejor manera con los virtuales; y los desafíos de mantener conectados e interesados a cientos y miles de personas respecto de una propuesta supera los ámbitos locales, nacionales. Las redes sociales son hoy en día el espacio de comunicación de colectivos culturales, actores, propuestas, proyectos, dinámicas y redes. Se ha desarrollado un importante activismo comunicacional que en el pasado reciente era inexistente. La circulación de información ha acelerado procesos de intercambio y da cuerpo a iniciativas de construir propuestas que superen el ámbito nacional para alcanzar dimensiones continentales.

Por ello es clave reconocernos en un contexto de grandes oportunidades, no sólo para el aprendizaje entre pares, sino para el intercambio de saberes y prácticas de incidencia política hacia afuera y hacia adentro.

Los resultados de este mapeo preliminar indican que debemos continuar conociendo y conectando experiencias que aspiran a transformar las políticas culturales y las culturas políticas que dan forma a los gobiernos de las artes y la cultura en la región. De este proceso depende que logremos una mayor democratización no solo en el acceso a la cultura, sino en la definición de prioridades y criterios para los modelos de desarrollo cultural en nuestros países.

Notas:

[1] Delfin Mauricio & Antezana René. (2015).AbreCultura: Mapeo de Experiencias Cívicasde Incidencia en Políticas Públicas para las Artes y la Cultura en América Latina (Informe de la Primera Fase de Mapeo). Programa AbreCultura: AbreCultura.org.

[2] La Alianza Juntxs es una articulación Latinoamericana compuesta por organizaciones y redes culturales de varios países. Más información en: http://juntxs.org.

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