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El latido de las culturas

Autor: 
Rocío Álvarez Aranibar

Presentimos como humanidad un nuevo ciclo en la historia, el tiempo-espacio de retorno al corazón. Gracias a la ciencia, hoy se sabe que el campo electromagnético del corazón es inmenso en relación con el campo electromagnético que emite el cerebro. La frecuencia del corazón nutre un sistema inteligente que nos conecta con nuestra naturaleza profunda, aquella que responde al orden de la vida misma. Las culturas, al vincularse con las formas de celebrar la vida y honrar la muerte, son el corazón de los mundos reales y virtuales que habitamos. 

La celebración es el lenguaje mismo del corazón. Hace miles de años nuestros ancestros lo sabían, miraban las estrellas y participaban de la fiesta del cosmos para sentir sobre ellos el descenso de los códigos del universo, conocimiento vivo que el pueblo materializaba en nuestras culturas. 

Las culturas tienen la necesidad de conectar con este lenguaje; en su elemento natural siempre estarán más allá de los constructos lineales, mercantilistas e inertes y, pese a ello, tienen la capacidad de sobrevivir interactuando con modelos inanimados que responden a la naturaleza de nuestras instituciones, nuestra burocracia y nuestros sistemas estatales. Las culturas se entretejen y dialogan en el elemento festivo. Los procesos de transformación que generan son capaces de permear sistemas verticales e inducirlos al movimiento vivo, propio de la naturaleza humana: el latido. Las pulsaciones de las culturas conciben la re-evolución desde la alegría movilizadora y transformadora, ante esa cualidad orgánica y vital, el rol de los estados e instituciones es aguzar el oído y procurar en sus estructuras la porosidad necesaria para recibir y escuchar el pálpito de las culturas que es el pálpito de los pueblos y de la vida misma. 

Por eso las políticas culturales no se pueden proveer al pueblo, sino que se construyen alrededor del latido de los cuerpos colectivos. Así se generan verdadera participación y reconocimiento de las culturas en su dimensión y lenguaje profundo: la dimensión de los derechos humanos y el lenguaje del corazón. Donde realmente se potencia el latido polifónico es en las acciones simples que también construyen política cultural más allá del diseño estatal o institucional. Nuestra capacidad de generar resonancia desde lo sutil, en nuestras casas, en nuestros barrios y en nuestros colectivos donde hacemos posible el encuentro y la celebración para compartir, creer y crear, amplifican la frecuencia de un latido colectivo transformador desde las culturas.