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ESBOZO PARA UNA DESCOLONIZACIÓN DE LA IDEA DE CULTURA

Subido por danicotillas el Vie, 12/02/2016 - 15:39

Por Javier Reynaldo Romero Flores

 

Ponencia presentada al II Congreso Culturas en Movimiento, del 1 al 3 de diciembre. Cochabamba-Bolivia.
El autor es investigador orureño. Contacto: warikato@gmail.com.

 

Introducción

Desde hace varios años nuestro trabajo se ha centrado en la comprensión de lo festivo en los Andes; una síntesis de aquel recorrido expuse el año pasado en Sucre en el “Primer Congreso Culturas en Movimiento”[1]. Fueron varias preguntas las que motivaron aquel trabajo y, luego de varios rodeos por producciones académicas críticas e interpeladoras, durante algunas décadas, hasta ahora se están argumentado algunas respuestas, pero cada vez surgen más preguntas y, así como el campo de acción se va ampliando, el trabajo cada vez es mayor.

De la pregunta ¿Qué es el “Carnaval” de Oruro?[2], luego de una larga búsqueda, pasamos a argumentar un proceso de colonialidad festiva en los Andes[3] y a desarrollar algunos mecanismos y varios dispositivos que consolidaron aquella colonialidad[4]. Al mismo tiempo, junto con argumentaciones de filósofos latinoamericanos[5] también se ha puesto en evidencia el sentido ideológico, contenido en la idea de ciencia de la Modernidad occidental eurocéntrica. En este sentido, junto con la crítica que desde hace años se ha hecho al mercado capitalista moderno, hemos tenido que develar al “arte”, al “folklore” y al “patrimonio”, como algunos de los eslabones del encadenamiento categorial que ha logrado consolidar una idea colonial de “cultura”, a lo largo y ancho del planeta que, secundada por la ciencia eurocéntrica se ha ocupado de sustentar aquella idea y nosotros, desde nuestras mentalidades coloniales construidas en largos años de “educación” escolar y universitaria, de reproducirla.

No obstante, actualmente vivimos procesos que se reproducen a pesar del encubrimiento de aquellos conceptos que ya hemos problematizado, como ya dijimos estos son: “arte”, “folklore” y “patrimonio”; que han logrado instalar e incentivar diferentes tipos de discriminaciones, de raza, de género, de sexo, de clase, entre otras. La recuperación de aquellos procesos y la superación de estos tipos de discriminación pasa, entre otras tareas, por la urgente problematización del concepto cultura. Es por esta razón que sentimos que nuestro campo de acción se ha venido ampliando.

Esta problematización es un primer paso que daremos en la ardua tarea de descolonización de la idea de cultura y se suma a otros que desde hace años se han dado para la descolonización de los patrones impuestos por del Patrón Colonial de Poder[6], que orienta la dominación colonial ejercida por la Modernidad. Así como desde aquel Patrón Colonial globalizado se han instalado conceptos ordenadores en los diferentes campos de la realidad, para comprender sus componentes y legitimar la diferencia y la discriminación en las representaciones desde fines del siglo XIX[7], sobre todo; la descolonización de lo festivo pasa por una problematización de aquellos conceptos que hacen a sus componentes, nos referimos a los campos de la música, la danza, el ritual, la construcción de los “objetos” festivo-rituales, entre otros. Y, en esta lógica, pensamos que la descolonización de la cultura pasa por la problematización de aquellos campos que hacen al concepto de cultura.

En lo que sigue desarrollaré algunas ideas preliminares hacia una primera problematización de la cultura, inicialmente relacionaré a las políticas culturales con la dominación colonial, para luego conectar la producción de categorías con la reproducción del Patrón Colonial de Poder. Posteriormente me referiré a la evidente contradicción entre políticas culturales y prácticas culturales, las primeras formuladas en el plano formal desde los estados y las segundas desplegadas en la realidad por los pueblos. Continúo con una referencia sintética a la mentalidad colonial consolidada en nuestros sistemas de representación, pero también, posteriormente, planteo algunas posibilidades de salida hacia la descolonización. Finalmente cierro mi exposición mostrando la necesidad de la descolonización de la idea de arte para consolidar la descolonización de la cultura.

 

Primera idea: Las políticas culturales y la dominación colonial

Vivimos un país diverso, rico en prácticas culturales. Esto significa que, como lo demuestran las investigaciones sobre los comportamientos humanos, también somos ricos en representaciones culturales. Éstas últimas son las que orientan aquellas prácticas. Nada de lo que se promociona para el Mercado Moderno Colonial como turismo existiría, si no fuera por aquellos sistemas de representación, que todavía se reproducen en las mentes de muchos de nosotros, a pesar del marketing, la televisión, las redes sociales y algunos operadores de cultura.

Esto quiere decir que estamos todavía ante el despliegue de representaciones acumuladas desde nuestras historias largas, aquellas que todavía desarrollan procesos locales y prácticas a lo largo y ancho del territorio boliviano. Sin embargo esta particularidad se reproduce en continuo conflicto con la demonización, la folklorización[8], la mercantilización, la patrimonialización[9], entre otros procesos que surgen a partir de millonarios recursos y de la mano de políticas implementadas por nuestros gobiernos, pero que son gestionadas desde organismos internacionales, desde los cuales pocos países-potencia intentan solucionar sus propios problemas con la participación de muchos “países-impotentes”.

Por esto, seguramente, no es ninguna novedad el modo en el que las políticas se han venido delineando a partir de organismos internacionales. Para el caso de la cultura la UNESCO es la que lidera el canon que los estados del mundo deberán seguir para el desarrollo y aplicación de políticas culturales. Un último documento de esta organización con el título de: “Re/pensar las políticas culturales”[10], publicado este año, muestra en detalle todo aquel proceso desde fines del siglo XX. Tampoco es una novedad decir que aquel proceso está liderado por los países que han sabido acumular mayores recursos a costa de otros y, no sé si es obvio para ustedes decirles que, estos países en su mayoría son europeos.

¿Qué significa esto en concreto? Para los países del norte, que han impuesto y lideran el Patrón Colonial de Poder, significa que gracias a su trabajo la dominación colonial se sigue reproduciendo según sus propias estrategias y planes. Mientras que para los países del sur, y el nuestro en específico, esto significa que la idea de cultura y su aplicación a través de los mandatos de la UNESCO se está reproduciendo de acuerdo a los lineamientos de la dominación colonial instalada en las representaciones de nuestros gobernantes y de nosotros mismos.

 

Segunda idea: Categorías, conceptos y reproducción del Parón Colonial de Poder

Todo lo anterior nos sirve para argumentar el modo de implementación de nuevas categorías ¿Por qué decimos esto? Porque en base a la categoría cultura, que impone una idea estática y abstracta y que no refleja ningún conflicto en la realidad, aquel documento citado muestra cómo se han ido acuñando nuevas categorías, es decir nuevos eslabones para ampliar y reproducir el encadenamiento iniciado con la categoría cultura. Así se han producido nuevas categorías para legitimar el proyecto político de dominación impuesto por aquel Patrón Colonial de Poder. De la mano de la idea de ciencia moderna sin darnos cuenta y en nuestra supuesta marginalidad de “alternativos” repetimos: “diversidad cultural”, “cultura y desarrollo”, “bienes culturales”, “servicios culturales”, “economías creativas”, “industrias culturales”, “recursos culturales”, “indicadores culturales”, entre otros conceptos revisados y propuestos en las últimas décadas.

De este modo desde el actual canon dominante de producción de políticas culturales se impone una idea vaga de cultura, como base para la producción de nuevas categorías, que tiene como su referente más difundido la idea de “expresiones culturales”. Esta propuesta es planteada desde un aparente romanticismo de lo más puro, pero al mismo tiempo desde el cinismo más perverso de la mercantilización, porque cualquier expresión, que además siempre va a ser cultural, implica una reacción y esta dinámica implica conflicto, como develan los estudios de prácticas y representaciones culturales. Sin embargo desde la lógica formulada en esta idea de cultura, la expresión cultural aparece como momento culminante de un determinado proceso en el que éste ha sido cercenado. Es decir no hay proceso, sólo hay expresión y como no hay proceso, no hay movimiento, no hay dinámica y no hay conflicto.

 

Tercera idea: La contradicción entre políticas culturales y prácticas culturales

En este sentido, la gran contradicción entre políticas culturales y prácticas culturales es que las primeras, además de reproducirse desde una lógica falocéntrica, resultado de nuestro instinto de reproducción del poder dominador, instalado en nuestras estructuras patriarcales dominantes, son elaboradas y difundidas para responder a intereses mercantiles y consensuar con y desde la formalidad del papel a través de convenios internacionales y/o contratos con transnacionales. Mientras que las segundas se reproducen en la realidad, en el llano, desde una lógica femenina, resultado de nuestro instinto de reproducción de la vida instalado todavía en nuestras estructuras matriciales subordinadas, ojo no matriarcales. Las prácticas culturales, a diferencia de las políticas culturales, siempre se manifiestan en conflicto, en el ámbito de la materialidad y a pesar de la formalidad legislada de las políticas culturales.

Esta contradicción refleja al mismo tiempo un conflicto de intereses entre un proyecto de civilización Moderno colonial y otros nombrados por el primero como pre-modernos El proyecto de la modernidad, además de ser eurocéntrico, nunca nos enseñó a cuidar a la naturaleza, al contrario nos enseñó a saquearla y explotarla, es un proyecto de civilización al que no le importa relacionar cultura, como forma de vida en su comprensión básica, con conceptos que son parte de la construcción del marco categorial de la economía capitalista, que es la que ha generado las mayores diferencias en la historia de la humanidad, pero en base a un discurso que habla de igualdad y actualmente su interés fundamental sigue siendo el crecimiento y la reproducción del capital y del mercado.

Mientras que aquellos otros proyectos civilizatorios, que han sobrevivido como si fueran el pasado de aquella modernidad colonial eurocéntrica; que tienen una relación de complementariedad con la naturaleza y, en algunas culturas como aquellas que habitan en Bolivia, se la considera como la madre de la vida; actualmente se han transformado en el presente y en la única posibilidad de futuro para la humanidad. Porque, en esta lucha por la sobrevivencia, el interés de estos otros proyectos civilizatorios es la reproducción de la vida de la naturaleza y de la humanidad.

 

Cuarta idea: Nuestra mentalidad colonial

Con lo dicho hasta aquí podría pensarse que el problema cultural en Bolivia es la UNESCO y su eurocentrismo. Personalmente sí pienso que el eurocentrismo colonial es un problema, pero no el de la UNESCO, no el eurocentrismo de algunos europeos. El problema es el eurocentrismo de nosotros, los bolivianos, que no nos damos la oportunidad de dudar y a partir de ello nos negamos la oportunidad de construir posibilidades locales de ser nosotros mismos. Estamos viviendo un tiempo en el que nos estamos negando la posibilidad de aprender de nuestros propios acontecimientos. Aquellos que han abierto un nuevo Horizonte de sentido para la humanidad.

Desde nuestras propias luchas políticas, gracias a nuestras historias ancestrales, surgió un nuevo Horizonte para dar esperanza a la reproducción de la vida y se desplegó la idea del “Vivir Bien”. Actualmente esta idea ha viajado por todo el mundo y parecería que se ha ido de Bolivia. Porque no es posible que en un país que se declara antimperialista, en su constitución, se reproduzcan, con la misma intensidad de antiguos regímenes, políticas para la reproducción del mercado capitalista. Es inadmisible que en Bolivia, que funda constitucionalmente la descolonización como base del Estado, se siga utilizando la categoría cultura en el sentido más colonial, como impone el patrón colonial de poder. No se puede entender que no se haga el mínimo intento de transitar hacia categorías que puedan lograr la apertura hacia el Horizonte descolonizador propuesto y conquistado con sangre en las luchas del pueblo boliviano.

Es intolerable que, llevados por la ola del Patrón Colonial de Poder y su producción categorial, se siga intentando mercantilizar lo ya demonizado, folklorizado y patrimonializado, para transformar la dinámica festiva de nuestras ciudades en “industria cultural”. Para el caso de lo festivo, la venda colonial que llevamos en los ojos y en las mentes nos remite a “expresiones culturales” (en el sentido de la UNESCO) y nos impide ver, sentir y creer, por ejemplo para el caso de Oruro, el conflicto entre Anata y “Carnaval” y su contexto de insurgencia festiva, como prácticas interculturales en conflicto; pero sobre todo como posibilidades políticas de descolonización, que proporcionan referentes de comprensión distinta del campo cultural. Todo esto está sucediendo mientras nuestra “ingenuidad” en políticas de estado hacia la cultura se empeña en transformar lo festivo en mercancía.

En síntesis la contradicción entre las prácticas y las políticas culturales, desplegadas desde varios ministerios entre los que el de Culturas no existe, refleja la contradicción de nuestra propia subjetividad colonial, tan difícil de identificar pero más difícil de aceptarla. Esta contradicción produce no pocas tensiones entre nuestro ser colonizador y nuestro estar descolonizador y éstas componen nuestros sistemas de representación a partir de los cuales desplegamos nuestras prácticas culturales.

 

Quinta idea: Posibilidades de salida

En algunos casos por circunstancias particulares es posible levantar algo de aquella venda y poder idetificar aquella contradicción instalada en nuestra subjetividad, en nuestro caso particular, la dinámica festiva y los conflictos producidos al interior de esta dinámica nos han ubicado en un lugar epistémico a partir del cual hemos podido detectar aquellas posibilidades distintas de comprensión de “la cultura”, en este caso como dinámica intercultural en la que las culturas siempre se presentan en conflicto en la realidad y aquellos conflictos son superados a partir de procesos de diálogo y aprendizajes mutuos, o en su caso a partir de la imposición de la violencia y el sometimiento.

Aquí queremos aclarar que la idea de cultura reproduce su coherencia más a nivel del concepto, mientras que para aproximarnos lo más posible a la reproducción de las culturas en la realidad y a sus dinámicas de conflicto y encuentro estamos desarrollando la idea de conflicto intercultural. Esta comprensión de las culturas, en conflicto intercultural, ayuda a “dibujar” un mapa mucho más cercano a lo que está pasando en Bolivia. Es obvio que los técnicos del Ministerio de Culturas, absortos por la gestión urgente, no están preocupados por la producción categorial y el análisis teórico-epistémico. Esto por una parte; por otra, es bastante obvio también que existen muy pocos espacios y personas en las instancias de gobierno que conciben la descolonización como un proceso de de-construcción de la analítica de la modernidad eurocéntrica al interior de nuestra subjetividad. Es decir, que piensen que la transformación y/o superación de las categorías de análisis que constituyen nuestros sistemas de representación y que utilizamos para nombrar nuestra realidad y relacionarnos con ella sea parte de la superación del problema colonial.

Por ello es que la preocupación siempre es la externalidad. Actualmente, el problema del agua, sobretodo en la ciudad de La Paz ha puesto en evidencia el modo externalizado de pensar y de creer en la descolonización; porque el problema es el calentamiento global, o la sequía, o los técnicos irresponsables, o el Illimani por tener minerales que interesan a potencias extranjeras, pero yo nunca seré el problema. Sin embargo, pasaron 10 años sin ocuparse de nuestras prácticas culturales, esto quiere decir sin ocuparse de nuestros sistemas de representación, que son los que condicionan nuestras prácticas, es decir nuestros hábitos, aquellos con los que durante tanto tiempo habíamos saqueado de nuestra madre, naturaleza, el agua que corre por sus venas.

Parecería que ahora no hay vuelta atrás, o nos ocupamos en serio de los conflictos interculturales o nos vamos al carajo. Pero como van las cosas, parece que pasará lo segundo, a no ser que el pueblo tome el poder de sus propias acciones, no de las del gobierno, y así transformemos nuestra propia subjetividad colonizada en otra descolonizadora. Y, como parte de estas transformaciones, también habrá que transformar otras categorías que hacen a la cultura, pero como ya dije, en nuestras propias subjetividades. En lo que sigue expondré el problema del arte como parte de la cultura eurocéntrica y también una posibilidad de salida.

 

Sexta idea: La idea de arte y la colonialidad del poder desde la cultura

La relación entre “arte” y colonialidad se constituye desde el siglo XVI, como un dispositivo para neutralizar, inferiorizar y extirpar cualquier proceso que pueda reproducir y fortalecer los sistemas de representación de las poblaciones locales de nuestro continente. A partir del siglo XIX esta relación capitaliza la idea de “arte” y desde la lógica colonial la mercantiliza. Sin embargo este proceso no fue tan simple, la historia del “arte”, que funda su raíz en el horizonte Griego se consolida como parte de una narrativa que sirve para legitimar al Estado-Nación de la Modernidad eurocéntrica y con esta para legitimar también al capitalismo. Por ello a partir de la posibilidad de superación del Estado Moderno colonial se abre la posibilidad de superar también la idea de arte construida por el relato de la Nación Moderna.

Como parte de aquella narrativa “las artes” y “la cultura” se reproducen a partir de mecenazgos con marcados intereses políticos, que fueron iniciados en tiempos de las monarquías europeas. Actualmente las características de las producciones de “arte”, en general, siguen mostrando su particular interés en la reproducción de la ideología del Estado-Nación, que implica al mismo tiempo, la aceptación de una narrativa producida desde el proyecto político de la modernidad colonial eurocéntrica incrustada en casi todos los países del mundo.

Como parte de este proceso, la pérdida de vigencia del poder político y la hegemonía actual del poder económico ha puesto en crisis los cánones del “arte” del siglo XX y su rol de legitimación del poder. Actualmente la mercantilización extrema ha situado al capital económico como el único “canon” y desde éste se están desbaratando aquellas relaciones entre “arte” y poder. Los últimos presidentes de los gobiernos de algunos países son un buen ejemplo, de los cuales Donald Trump es el mayor ícono.

Sin embargo, antes de esta debacle ya se fueron desarrollando algunos procesos con las “artes”. El poder, de la mano de diferentes dispositivos, la mercantilización, la mediatización, entre otros, que producen visibilidad, al mismo tiempo lo fue domesticando, naturalizando desde los relatos del poder, hasta volverlo sumiso y una vez consolidada la sumisión se terminó de vaciar al “arte” de sus contenidos contestatarios. Todo esto tiene mucho que ver con la transformación de la subjetividad a partir del siglo XIX, que produjo hacia finales del siglo XX y principios del XXI, la obsesión de nuestra individualidad hasta el delirio. Esto sumado a la idea de artista se ha convertido en otro dispositivo para la colonialidad y ha consolidado aquel vaciamiento que no es otra cosa que un vaciamiento de los contenidos epistémicos en nuestros sistemas de representación. La obsesión por la “fama” y el éxito ofertada por el mercado, y ya no por el poder político, ha generado que muchas personas deliren por ser parte de jet-set(s) improvisados, precarios y de provincia y puedan ser denominados artistas.

De este modo aquello que se ha nombrado como “expresiones artísticas”, desde el poder del Estado, y responde al proyecto monocultural en el que desde el “arte” se reproduce aquella narrativa, siempre tendrá más visibilidad. Actualmente, los procesos sociales en Bolivia y la insurgencia de otros proyectos políticos y de otras posibilidades de nación no-modernas, que han exigido una nueva constitución, han modificado este horizonte de sentido. Sin embargo esto todavía no es noticia entre muchas de las personas que son parte del gobierno, sobre todo en el campo de la cultura.

Pero no todo es uniforme, no todo responde a la colonialidad, desde el Siglo XVI las insurgencias se dieron desde lo festivo, no desde las “artes”. Pensemos en algunos procesos en el siglo XX. ¿No fue acaso un cantante de protesta que decidió cambiar su guitarra por un fusil e integrarse a un movimiento guerrillero, siguiendo sus principios, los mismos que estaban contenidos en su repertorio de canciones? Para los que no saben de él, este sujeto fue Benjo Cruz.

Acaso Alfredo Domínguez se hacía llamar artista, él siempre anteponía su horizonte cultural y decía: No señora, yo soy un “indio” y desde su producción ya hizo una crítica epistemológica a la ciencia moderna y a la economía capitalista[11], porque desde la música le interesaba transformar la realidad, porque estaba en contra del status quo. Acaso Luzmila Carpio no está sensibilizando nuestros sistemas de representación en relación al tema del agua. Me pregunto, sólo en estos tres casos, por ejemplo, ¿Cuál ha sido y cuál fue la incidencia del Estado para su producción musical?

Otro ejemplo emblemático aquí en Cochabamba, Elwaky Titeres. Un proyecto de vida que involucra a varias personas y que se propone transformar la realidad a través del trabajo con niños. Será que ellos quieren ser “artistas”, será que a ellos les interesa que los llamen artistas, habría que preguntarles, pero desde mi perspectiva  puedo decir que a ellos les interesa más la transformación de la realidad que el modo en el que los denominen y sin temor a equivocarme también afirmo que ellos, junto con otros colectivos están haciendo una revolución sostenida desde hace ya varios años.

Entonces, si quisiéramos construir una historia de aquello que hasta ahora conocemos como “arte”, que nos muestre procesos que tengan que ver con nosotros y con nuestras historias locales. Tendríamos que partir de cero y buscar otras historias, porque la historia actual del “arte” en Bolivia y en América Latina, responde a la narrativa del Estado moderno colonial eurocéntrico, que en plena vigencia de un Estado plurinacional se sigue reproduciendo.

Descolonizar la cultura pasa entonces por descolonizar también la idea de “arte”, entre otros campos. Y para esto, los jóvenes, tenemos que mirar a los Maestros, comprender lo que nos quería decir Alfredo Domínguez con su música, con su poesía, con sus grabados, en qué lugar se situaba en relación a la narrativa del poder de su época. Comprender profundamente qué nos está diciendo Luzmila Carpio en sus conciertos, no sólo con su poesía, con su canto, con su humildad con su escenografía y con los medios alternativos que utiliza. Aprender de los guerreros lúdicos de Elwaky Títeres que optaron por la transformación de los sistemas de representación en los niños. Entonces la descolonización de la cultura y de las artes, además de recomponer y des-enajenar los sistemas de representación de las culturas de tierras altas, valles intermedios y tierras bajas, significa comprender procesos e indignarse por ellos, mirar en nuestros abuelos quienes somos, y sembrar, sembrar, sembrar, pero sobre todo, sembrar utopías.

 

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[2] Ver por ejemplo: Romero, 2003a, 2003b, 2013.

[3] Ver: Romero, 2015.

[4] Ver: Romero, 2012, 2014a, 2014b, 2014c, 2014d. 2015 y 2016.

[5] Ver sobre todo: Dussel 2000, 2003, 2007a, 2007b, 2008, 2009, 20012; Hinkelammert, 1974, 1978; Bautista, 2012, 2013, 2014; Castro-Gómez, 2005; Grosfoguel, 2006, 2012 Mignolo, 2003, 2007, 2008, 2010.

[6] Estos son: Descolonización del poder: Quijano, 2000; Descolonización del ser: Maldonado, 2007; Descolonización del saber: Mignolo, 2010; Descolonización de la Naturaleza: Lander, 2003.

[7] Ver por ejemplo Dussel, 2003; Bautista 2014.

[8] Ver Romero 2016.

[9] Ver Romero 2014b.

[10] Ver UNESCO 2016.

[11] Ver Romero, 2014a.

Viernes, Diciembre 2, 2016
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