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La labor del Ministerio de Culturas

Subido por Faby Q el Mié, 01/24/2018 - 21:43
Nombre del autor: 
Sigrid Álvarez

Si hay algo que artistas y gestores culturales debemos agradecer al Estado, es la creación del Ministerio de Culturas y Turismo. Pero no es suficiente su existencia, si no se toma en cuenta que su gestión requiere de profesionales especializados y presupuesto suficiente para cumplir con sus objetivos. También es necesario considerar que los profesionales administrativos y jurídicos del sector, aparte de dominar su labor, requieren de visión y sensibilidad.

En un principio, el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2015, en extensas páginas daba herramientas e impulso para que el sector artístico-cultural sea clave en el desarrollo del país. Contrariamente, en el plan vigente, 2016-2020, se ha reducido ese impulso al “Disfrute y Felicidad” donde, de manera muy abstracta, se plantea un desafío para la construcción de la nueva identidad y al 2020 se espera consolidar la visión del Vivir Bien “con pleno respeto de las identidades propias del conjunto de la población boliviana”. No queda claro si se pretende hegemonizar la cultura o se abre el abanico hacia la diversidad. Siendo uno de los primeros países en la región en contar con un Ministerio de Culturas, su gestión se ha mostrado como un reto difícil de asumir para cualquiera. En los nueve años que cumple de existencia, seis ministros y ministras o han remado o han flotado en sus gestiones sin alcanzar un mejor puerto. Seguramente se habrán sentido frustrados a la hora de entregar la posta al siguiente, pues antes de llegar a cumplir sus objetivos debieron abandonar su misión.

Hoy en día, los países del mundo siguen encaminando políticas para democratizar el acceso a las manifestaciones culturales y no, así, usarlas para rellenar otras actividades que justifican su existencia. Haciendo honor a su nombre, el Estado Plurinacional de Bolivia debe continuar reconociendo y respetando la diversidad cultural y sus manifestaciones, no descartando la actividad artística, ni mucho menos subestimando a sus actores. Para ello, tal vez no solo sea necesario el cambio de su titular sino, también, que es tiempo de mejorar sus brazos operativos, pues aún no se han dado luces a temas estructurales como la interculturalidad, el racismo y la discriminación o, concretamente, para mejorar la condición de los artistas, quienes aún sienten el abandono estatal y su trabajo se mantiene ajeno al mundo indígena. Hace falta democratizar la diversidad cultural y sus expresiones, desde su formación hasta su disfrute, en el marco de convenciones y acuerdos internacionales que el país ha ratificado. Esa debiera ser la misión prioritaria para quién asuma su labor.

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