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La creatividad tiene color, pero no políticas

Subido por Faby Q el Mié, 02/21/2018 - 10:42
Nombre del autor: 
Rocío Recalde

En 2013 salió a la luz el manual “La economía naranja: una oportunidad infinita”, financiado por el BID. Desde entonces, mucha agua ha pasado por debajo del puente. ¿Cuáles son sus avances? ¿Cuál es el papel del Estado en su fomento? ¿Cómo se articula de manera efectiva al sector privado? La economía naranja conformada por arquitectura, artesanías, diseño, artes visuales y escénicas, cine, música, publicidad, software, medios, moda, investigación, plataformas digitales, videojuegos, entre otros, mueve una buena aparte del PIB de los países que la desarrollan. “En términos de generación de empleo, en 2011, de los 3.266 millones de trabajadores en el mundo, la economía naranja generó 144 millones de empleos, de los cuales 10 millones correspondieron a América Latina”, fue una de las sentencias del estudio de 2013. 

El tema volvió a cobrar importancia en 2017 cuando el BID publicó el e-book “Economía Naranja: Innovaciones que no sabías que eran de América latina”, el cual aterrizaba específicamente en 50 actividades innovadoras que se desarrollaban en la región. Juliana Barrero indica que la generación de valor a partir de estas actividades culturales debe contar con ciertos mínimos, por “el acceso a formación que promueva la generación de ideas y su materialización en bienes y servicios innovadores (…); políticas públicas consecuentes con la apuesta (…), mecanismos que faciliten el acceso a fuentes de financiación o a fondos de promoción (…), la disponibilidad de infraestructura que permita la creación, producción y circulación de los contenidos, tanto en espacios físicos como digitales; finalmente, públicos”. ¿Difícil de lograr? Veamos el ejemplo de Colombia. Promulgó la Ley Naranja en abril de 2017 y viene gestando una Política Pública de Emprendimiento e Industrias Culturales y Creativas. Pero no fue de la noche a la mañana. Antes de que se promoviera esta ley —la primera de su tipo en América Latina— varias entidades nacionales y locales crearon programas para promover el emprendimiento creativo. Su Ministerio de Cultura desde 2014 puso en marcha el programa Emprende Cultura, que el año pasado entregó capital semilla y capital intelectual a 300 nuevos empresarios. Mientras que en nuestro país duermen leyes esenciales para el sector cultural, existe todavía un foco de interés con respecto a la economía naranja que se generó en Cochabamba con las dos versiones de las Jornadas de industrias culturales y creativas Pulso Naranja. Falta saber si esta iniciativa podría ser replicable y si más agentes privados o estatales, podrían involucrarse.

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