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De-mentes y mentes patriarcales

Subido por Faby Q el Lun, 02/26/2018 - 14:19
Nombre del autor: 
Javier Reynaldo Romero

Hace unos días, algunas personas en redes sociales me “lapidaron” por reconocer a la mujer y no a la madre del patriarca. Hoy, aquella subjetividad depredadora, la patriarcal, la que ha colonizado hasta el último rincón del planeta, vuelve en otro contexto; para lapidar como en los inicios de la era cristiana, cual hogueras de la Edad Media para quemar la sabiduría profunda de la vida, en sus portadoras: las mujeres. Vuelve para destrozar a alguien, no es raro, otra mujer, que desde su indignación nos dice en qué se ha convertido, mayoritariamente, el espacio y el tiempo de lo festivo en Oruro.

Y, del mismo modo en el que crucificaron a quien, en su tiempo, echó a los mercaderes del templo; se lapida y quema a quien muestra cómo, los mismos mercaderes, se esfuerzan por transformar un proceso de ritualización de la vida en un espacio vaciado de contenidos, en el que se pueda comerciar libremente con fetiches transitorios, al mejor estilo liberal. No importa que junto a esta liberalización fetichizada se tejan inmensas redes de corrupción, encubiertas de la misma manera en la que la pedofilia y el tráfico de armas se encubren desde altas esferas globales.

El tiempo de los fetiches que reina en las mentalidades cavernarias impide vernos y este tiempo y esas mentalidades, de manera sostenida, activan sus dispositivos y las lapidaciones vuelven, las hogueras retornan, la cicuta se aplica como en la antigua Grecia. Sin importar si el crucificado es el Mesías o las mentes creativas que intentan hacernos ver más allá de nuestro ombligo.

De manera cíclica lo festivo nos está mostrando lo que somos, como orureños, en nuestras miserias, en nuestras contradicciones y en las frustraciones que como pueblo tenemos. ¿Qué hacemos con eso? ¿Las dejamos así, por los siglos de los siglos? O ¿tratamos de superarlas, de trascenderlas? Es que hace ya tiempo, Oruro, de pensarse como “la enamorada del gringo y del gitano”, se ha convertido en la inquisidora de sus constructores y en el refugio de sus destructores, encubiertos, claro.

Oruro ya no enamora, menos a gringos o gitanos. Es decir, las élites que han copado los espacios de poder, desde hace años, se están encargando de producir un sentido común del sin sentido, que destroza y nos está destruyendo como pueblo, que no acepta críticas, es decir que no quiere que superemos nuestras contradicciones, que nos quiere anclados en los tiempos de la cicuta y de las hogueras.

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